ANTONIO ALUJO RAMONATXO
Nació en Guils de Cerdanya (Gerona) el 31 de enero de 1913, de modesta pero muy religiosa familia, la cual poco después pasó a vivir en el pueblo de Bellver de Cerdanya.
Su vida transcurría dedicada al cultivo de la tierra y a la práctica de la caza, su afición favorita que compartía, aunque en grado secundario, con las noticias sobre el fútbol.
De carácter pacífico, bueno y sencillo, tenía gran amistad y afecto a los dos paisanos hermanos Blasi.
Por eso al estallar la revolución, después del 18 de julio de 1936, sus arraigadas convicciones religiosas y patrióticas pusieron su vida en serio peligro, por lo que el 25 de julio, fiesta de Santiago, patrono de España, en compañía de sus amigos José y Javier Blasi, se evadió hacia Andorra y de allí a Francia de paso para la zona Nacional, donde al organizarse el Tercio de Requetés de Ntra. Sra. de Montserrat, fue de los primeros voluntarios en alistarse junto con el mayor de los Blasi; el otro, aconsejado acertadamente de que no estuviese con su hermano, para no doblar el mismo riesgo, se encuadró en otra unidad militar.
En los comienzos del Tercio de Montserrat los alistamientos eran escasos, porque también lo eran los catalanes evadidos. Además, faltaba organización. Empezó en Zaragoza, donde en uno de los pasillos del «Instituto Goya» había una mesita para la recluta de voluntarios con este letrero: «Tercio Carlista Catalán de Ntra. Sra. de Montserrat». Pero solo había un escritorio con papeles casi en blanco y mucha voluntad. ¿A dónde ir a buscar los hombres ahora?
En la prensa local aparecen llamadas incitando al alistamiento, así como mejora de ayuda económica para mandar al frente a los primeros.
Comenzó a funcionar un requeté auxiliar que se encargó de las primeras gestiones y de la búsqueda de local para la nueva unidad, así como de la recaudación de fondos necesarios para seguir adelante.
Recluta lentísima, con el riesgo de que los pocos adheridos fuesen enviados al frente de Aragón que adolecía de personal, encuadrados en cualquier otra unidad.
Se obtuvo también un «ruego» del Jefe Nacional de los Requetés, dirigido a los jefes militares de los otros Tercios ya en marcha para que permitieran el pase de los catalanes. Pero se entregan a regañadientes y «con pinzas»; hay que ir a sacarlos de la misma línea de fuego, aguantando los chubascos de plomo enemigo, si uno quiere llevarse a los muchachos del brazo.
Dirige ya la primera sección, aunque incompleta, el alférez de complemento don Pedro Gallart Folch y el 25 de septiembre de 1936 salen los 15 primeros requetés para el frente de Mediana de Aragón, junto a las dos compañías del Tercio de Almogávares, como agregados. ¡Había escasez de hombres! Se procuraba que los inscritos en Zaragoza no entraran en contacto con el Requeté Aragonés, para que no dispusieran de ellos en cualquier momento. Los colocaban en pensiones y luego los mandaban a Mediana, donde por la tranquilidad reinante era permitida su instrucción.
Pero las pensiones salían muy caras, pues iban llegando más evadidos. El señor Viladot, se prestó a atender a los voluntarios en su domicilio por ¡tres pesetas diarias! Disponiendo de las remuneraciones de 1ª Sección, se podía ir acomodando a los recién llegados.
Pero no había más solución que la de pensar en un cuartel. Acompañados del ayudante del Comisario de guerra de Aragón, los directivos del Requeté Catalán, visitaron al administrador del Seminario de San Carlos. Le indicaron el peligro de que pudieran llevarle moros a su casa. Y aunque no de muy buena gana, les cedió el piso superior. Unas cuantas camas, una cocina y ¡ya está la organización del Tercio de Montserrat en marcha!
El Comandante de la Plaza de Mediana, era un Oficial del Tercio de Almogávares. No estaba de acuerdo con los catalanes respecto a la comida: a éstos no les acababa de convencer la cocina al estilo aragonés. Por fin pudo lograrse de Intendencia el material necesario para establecer una cocina propia.
¡Así fueron los primeros tiempos del «Montserrat»!
Antonio Alujo estuvo en Mediana, Belchite y Codo, guarneciendo aquellas posiciones, refunfuñando como todos, del tedio de aquel frente sin actividad bélica…actividad que al fin se desató con toda su fiereza el 24 de agosto de 1937, mientras la retaguardia nacional celebraba alborozada la entrada de las tropas victoriosas en Santander.
Alujo, que había sido ascendido a cabo, defendió como tal «El Pajar»; y en aquel cruento y desproporcionado combate, en que un puñado de requetés catalanes evitaron, frenando su marcha, que las tropas comunistas entraran en Zaragoza -desguarnecida de fuerzas en aquellos momentos-, murió sin conocerse detalles de sus últimos momentos, el humilde labrador de la Cerdanya catalana.
[Publicado en Nonell Brú, Salvador, Así eran nuestros muertos, Casulleras (Barcelona 1965)]
