JOAN ALSINA VILAREGUT

viernes, 16 de febrero 2024

CATEGORÍA: Biografías

Nació en Sant Julià de Vilatorta (Barcelona), el 25 de marzo de 1912.

Sus estudios los hizo en la Escuela Municipal del pueblo y en el Colegio de los Hermanos Maristas de Vic. Acabados estos, pasó a trabajar en la fábrica «Roma» del mismo Sant Julià.

Como era muy aplicado, estudioso e inteligente, continuó, durante las horas libres del trabajo y en los ocios de los días festivos, entregado con pasión al estudio, principalmente, de todo lo referente a la técnica textil -su profesión-, alentado y dirigido por el coadjutor de su Parroquia, que le dio muchas clases particulares.

Era de temperamento bilioso y sentimental, pero muy equilibrado y rico en cualidades.

Sumamente reflexivo y delicado, tenía un porte noble y distinguido, con una impresión de indefinible tristeza, que cautivaba desde los primeros contactos.

A los 17 años se hizo voluntario para el servicio militar de aeronáutica, pero solo estuvo 15 quince días ¡y en Madrid!, el tiempo justo para ponerse el uniforme, hacerse fotografiar y licenciarse.

Durante la revolución de 1936 fue perseguido por «ser muy católico» y porque su padre «había rehusado ser concejal de la República».

Aquel ambiente trágico-cómico de la zona roja, insoportable para un alma como la de Alsina, le impulsó a abandonar lo que más quería, a sus padres, para marchar a la Cruzada.

Pasó la frontera por Ribas de Fresser. Sufrió muchísimo, siendo tal el estado de agotamiento, de miseria y de indumentaria destrozada, que, a su llegada a Francia, tuvo que acogerse a la amorosa hospitalidad de las Religiosas Dominicas de Montpellier, siendo preciso que guardara cama unos días y que aceptara ropa del capellán para vestirse.

En cuanto pudo, pasó a la España Nacional, donde unos señores amigos e influyentes que halló en San Sebastián, se ofrecieron para «buscarle un enchufe», lo cual fue rehusado, pues su deseo era ingresar en el Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat como voluntario, para participar en la Cruzada.

Sus primeras impresiones como combatiente quedan reflejadas en estas, sus letras, escritas a su amigo don José de Sitjar, fechadas el 14 de mayo de 1937:

«Por fin, ¡gracias a Dios!, ya me encuentro en Codo, pueblo donde guarda el frente el Requeté Catalán, defendiendo la Santa Causa.

Aquí se está bien, militarmente hablando, aunque ya sabemos que la estancia en las trincheras es algo pesada, pero gracias al patriotismo que nos alienta y al pensamiento en lo grande que es la causa que defendemos, nos da ánimos para sufrir toda clase de privaciones y penalidades que se nos presenten.

Lo que más me apena es el estar tan alejado de mi familia, pero tengo confianza en Dios, que es el que todo lo puede, y es el único que me consuela».

Un tiempo después, 23 de junio, escribía al mismo amigo:

«Poco a poco, me he ido acostumbrando a la vida de campaña y lo que en un principio me parecía casi insoportable, me lo tomo ahora como un deporte.

¡Aquí también pasamos buenos ratos!

¡Si hubiesen visto ustedes la alegría que todos teníamos el día siguiente que nuestro Glorioso Ejército tomó Bilbao!

Era algo que no puede explicarse. En nuestros semblantes se reflejaba el júbilo de soldados de un ejército que después del sacrificio, obtiene el premio de la victoria. Y decíamos: una ciudad más para España y un gran paso para la gran Victoria final que, con la ayuda de Dios, no se hará esperar.

Me acuerdo de que, en su primera carta, me hablaba de escribir a casa (con intermediario en Francia), pero esto me da muchísimo miedo; siendo así, que casi prefiero no hacerlo,  por lo que pudiera pasar.

Si algún día saben algo de Sant Julià, agradeceré mucho me lo comuniquen; gracias por todo».

A los dos meses de escribir estas frases, Juan Alsina Vilaregut, daba su vida defendiendo las posiciones de Codo «por aquella gran victoria final», que vislumbrara como cercana; aunque él, que tuvo el privilegio de comulgar en las mismas trincheras poco antes de morir mientras luchaba por la «Santa Causa», la contemplaría desde el cielo.

 

[Publicado en Nonell Brú, Salvador, Así eran nuestros muertos, Casulleras (Barcelona 1965)]

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